El Consejo de la Unión Europea ha aprobado de forma definitiva dos reglamentos que permitirán aplicar los compromisos arancelarios acordados entre la Unión Europea y Estados Unidos en el marco de la Declaración Conjunta suscrita por ambas partes.
Con esta decisión, Bruselas culmina el proceso legislativo y refuerza su apuesta por una relación comercial transatlántica más estable, previsible y beneficiosa, manteniendo al mismo tiempo las herramientas necesarias para proteger los intereses económicos europeos.
Eliminación de barreras comerciales y mayor acceso al mercado europeo
Las nuevas disposiciones eliminan los derechos aduaneros que aún gravaban determinados productos industriales procedentes de Estados Unidos y facilitan el acceso al mercado comunitario de algunos productos pesqueros y agrícolas considerados no sensibles mediante contingentes arancelarios y reducciones de tarifas. Asimismo, amplían la suspensión de los aranceles aplicados a las importaciones de langosta, incluida la langosta procesada.
Bruselas refuerza las salvaguardas para proteger a sus sectores productivos
Junto a la apertura comercial, la normativa incorpora mecanismos de salvaguardia reforzados destinados a proteger a los sectores productivos europeos. Estas medidas permitirán a la Comisión Europea actuar con rapidez ante aumentos significativos de las importaciones que puedan generar perjuicios a operadores comunitarios.
Además, la UE podrá suspender las preferencias arancelarias concedidas a Estados Unidos si considera que este incumple los compromisos adquiridos, socava los objetivos del acuerdo o introduce medidas discriminatorias que alteren el equilibrio de las relaciones comerciales.
Una alianza clave para la economía mundial
La aprobación se produce en un contexto marcado por la estrecha relación económica entre la Unión Europea y Estados Unidos, considerada la mayor asociación comercial e inversora del mundo.
El acuerdo busca impulsar los intercambios de bienes y servicios, favorecer un entorno de mayor certidumbre para las empresas y fortalecer los vínculos económicos a ambos lados del Atlántico, combinando una mayor apertura comercial con mecanismos de protección para salvaguardar la competitividad de la economía europea.