España conmemora este año el 40 aniversario de su entrada en la UE, una ocasión que permite valorar cómo la integración europea ha abierto nuevas oportunidades para sus empresas. Desde 1986, los fondos europeos han tejido silenciosamente parte de la transformación de la Comunitat Valenciana.
Todo comienza cuando la UE asigna financiación a España dentro de sus políticas clave. Al conjunto del país, estos fondos han aportado más de 150.000 millones de euros desde 1986, con impacto directo en regiones como la valenciana.
Una vez recibidos, el Gobierno de España distribuye parte de estos recursos a las comunidades autónomas.
En la Comunitat Valenciana, la Generalitat utiliza esta financiación para lanzar programas propios: rehabilitación energética de edificios públicos, movilidad sostenible, innovación empresarial o digitalización ciudadana.
En el campo, decenas de miles de agricultores y ganaderos han encontrado en la PAC un apoyo estable que ha permitido mantener explotaciones familiares, modernizar técnicas y sostener la economía rural en momentos difíciles.
En las ciudades y municipios, el impacto se percibe en infraestructuras renovadas, programas de movilidad sostenible, rehabilitación energética y actuaciones urgentes para reparar los daños de las DANAs.
La modernización también ha venido de la mano de la investigación y la digitalización: empresas, centros tecnológicos y ciudadanía han accedido a nuevas oportunidades formativas y de innovación gracias a financiación europea que ha impulsado la competitividad regional y el crecimiento de un ecosistema tecnológico en expansión.
Cuarenta años después, los fondos europeos han dejado una huella profunda: han sostenido al campo, modernizado servicios públicos, reforzado la resiliencia climática y abierto nuevas oportunidades económicas. Un relato en cifras que explica buena parte del progreso valenciano dentro de Europa.